Como recorrer las 11 provincias y realizar completa la Ruta Nacional 40
Cruzar la Argentina de punta a punta a través de la Ruta Nacional 40 es mucho más que un viaje por carretera; es una expedición hacia el corazón de paisajes indómitos que van desde el nivel del mar hasta las nubes. Con más de 5.100 kilómetros de extensión, esta mítica traza conecta Cabo Vírgenes, en el extremo sur de Santa Cruz, con La Quiaca, en Jujuy. El recorrido atraviesa 11 provincias, cruza 23 pasos de montaña y bordea la Cordillera de los Andes, exigiendo al viajero no solo espíritu de aventura, sino también una planificación milimétrica para enfrentar sus 16 tramos de contrastes extremos.
El desafío comienza con la diversidad del terreno, donde el asfalto impecable alterna con el temido ripio. Para los conductores, la regla de oro es la paciencia: en caminos de grava, superar los 60 u 80 km/h es una invitación al derrape o a la rotura de parabrisas por piedras voladoras. Además, el clima juega su propio partido; mientras en la Patagonia el viento puede desestabilizar un vehículo y el «hielo negro» convierte la ruta en una pista de patinaje, en el norte los badenes pueden inundarse repentinamente durante el verano, transformando cauces secos en ríos infranqueables en cuestión de minutos.
La logística de supervivencia es el tercer pilar de esta travesía. Dada la inmensidad de los tramos solitarios, es imperativo nunca pasar de largo una estación de servicio sin llenar el tanque, ya que las distancias entre surtidores pueden superar los 300 kilómetros y no siempre hay stock disponible. Además, el equipo básico debe incluir una rueda de auxilio en perfecto estado, un chapón cubre-cárter para proteger el motor de los golpes del suelo y mapas descargados para uso offline, dado que la señal de celular es un lujo inexistente en gran parte del trayecto.
A lo largo del camino, la recompensa visual es inigualable, permitiendo visitar joyas como los glaciares milenarios en el sur, la famosa Ruta de los Siete Lagos en Neuquén y los viñedos de altura en Cuyo. Al llegar al norte, el paisaje se transforma en una paleta de colores ocres y rojizos, donde pueblos como Cachi y San Antonio de los Cobres desafían la gravedad. Aquí, la altura se convierte en un factor crítico, por lo que se recomienda una hidratación constante y ascensos graduales para evitar el mal de montaña mientras se cruza el Abra del Acay a casi 5.000 metros de altura.

La seguridad personal no debe subestimarse, especialmente en condiciones de nieve o temporales de viento. Los expertos sugieren llevar siempre un kit de emergencia con mantas, alimentos calóricos como chocolate y frutos secos, y una pala. En caso de quedar atrapado por una nevada, la instrucción es clara: permanecer dentro del vehículo y verificar que el caño de escape no esté obstruido para evitar la acumulación de monóxido de carbono. La Ruta 40 no perdona la improvisación, pero premia a los precavidos con las postales más espectaculares del continente.
Finalmente, recorrer la «Cuarenta» de punta a punta es un rito de iniciación que transforma a cualquier viajero en un conocedor profundo de la geografía argentina. No se trata solo de llegar al destino final en la frontera con Bolivia, sino de absorber la cultura de cada pueblo, saborear la gastronomía regional y respetar la inmensidad de una naturaleza que manda sobre el camino. Con una preparación sólida y los ojos bien abiertos, esta ruta se convierte en una experiencia inolvidable que queda grabada para siempre en el odómetro del alma.
El viaje cruza 11 provincias de sur a norte: Santa Cruz, Chubut, Río Negro, Neuquén, Méndoza, San Juan, La Rioja, Catamarca, Tucumán, Salta, Jujuy.
