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Cómo afecta el cambio clímatico en nuestro país y en temporada de vacaciones

El cambio clímatico existe y se nota, aunque algunos aun sigan pensando que no, como renombrados presidentes de los Estados Unidos o el mismo de Argentina. Este fenomeno se ha consolidado como la amenaza ambiental más crítica de nuestro tiempo, exigiendo un compromiso inmediato que trascienda la teoría de las convenciones internacionales. Para mitigar su impacto, es imperativo impulsar una educación que no solo promueva acciones individuales, sino que también redefina el papel estratégico de las empresas y los gobiernos en la construcción de un modelo de desarrollo sostenible. La urgencia de actuar radica en que ya no se trata de una preocupación futura, sino de una crisis presente que requiere cambios estructurales profundos en la manera en que producimos, consumimos y legislamos para proteger el equilibrio planetario.

Los indicadores térmicos y de recursos hídricos reflejan una realidad alarmante; la última década (2011-2020) ha sido la más calurosa registrada hasta la fecha. Según estimaciones de la ONU, solo en 2024 la temperatura global superó en aproximadamente 1,52 °C los niveles de la era preindustrial, un umbral que la ciencia considera crítico para evitar daños irreversibles. Este calentamiento se traduce en sequías un 29% más frecuentes y duraderas desde el año 2000, provocando que actualmente el 36% de la población mundial enfrente escasez de agua al menos una vez al año, lo que compromete seriamente la salud y la seguridad alimentaria global.

La alteración de los ciclos naturales también se manifiesta en fenómenos meteorológicos extremos que impactan directamente en nuestra infraestructura y seguridad. Datos de la NASA advierten que las inundaciones se han duplicado en los últimos cinco años en comparación con el promedio de las casi dos décadas anteriores, evidenciando un ciclo hídrico desequilibrado. Paralelamente, el nivel del mar ha subido entre 20 y 25 centímetros desde finales del siglo XIX, alcanzando un ritmo de ascenso sin precedentes en los últimos 2.500 años, lo que pone en riesgo inminente a las comunidades costeras y a los ecosistemas marinos.

Finalmente, el colapso de la biodiversidad es una de las consecuencias más devastadoras, con una tasa de desaparición de ecosistemas que oscila entre el 2% y el 6% cada diez años. Esta pérdida masiva de vida silvestre debilita la resiliencia del planeta ante el calentamiento, creando un círculo vicioso de degradación ambiental difícil de revertir. Por ello, generar conciencia sobre estas cifras no es solo un ejercicio informativo, sino el primer paso fundamental para movilizar a la sociedad hacia acciones climáticas efectivas que aseguren la supervivencia de los ecosistemas y la prosperidad de las futuras generaciones.

Los principales efectos son una menor disponibilidad de agua y menor rendimiento de los cultivos, aumento del riesgo de sequías, pérdida de biodiversidad, incendios forestales y olas de calor.

Esto puede provocar eventos como tifones y huracanes, tormentas eléctricas, granizadas, tornados, tormentas de nieve, fuertes nevadas, aludes, marejadas, inundaciones incluyendo inundaciones repentinas, sequías, olas de calor y olas de frío, que son cada vez más frecuentes y severos sobre todo el lugares como en nuestro país que no estamos acostumbrados a estas situaciones.

El 2026 comenzo la temporada alta de verano con una granizada importante en Córdoba, o incendios «intencionales o no» en la Patagonia, precisamente en el Hoyo de la provincia de Chubut, que por el alto calor se hece interminable controlarlo. Meteotsunami en la costa, donde Mar Chiquita sufrío junto a Mar del Plata la crecida repentina de olas y causó la muerte de una persona. o Lluvias en distintas zonas del país como en Corrientes, Salta o Córdoba que inunda sectores por la cantidad de agua caída en poco tiempo sin dar respuesta a los sumideros o desagotes.

Arriba Meteotsunami en Mar del Plata. Abajo Granizo en Córdoba hace 12 días.