Pasaporte de Sabores – Episodio 2 – Vino
En Bienvenidos a Bordo se dio inicio a un nuevo segmento gastronómico llamado PASAPORTE DE SABORES. En él hablamos de un producto alimenticio, solido o liquido y lo llevamos a su función sociocultural. En este episodio el vino.
Si el pan se considera el «cuerpo» de un viaje, el vino es, sin duda, su alma. Más que una simple bebida obtenida de la fermentación de la uva vitis vinífera, el vino representa un legado milenario que ha acompañado a la humanidad en su historia, religión y expresiones artísticas.
La presencia del vino en la cultura es tan antigua como las civilizaciones mismas. En China, ya se conocía el proceso de fermentación hace 4000 años, mientras que en el antiguo Egipto la viticultura ya era una práctica establecida en el siglo III a.C.
Su relevancia es tal que ha sido elevado a una categoría divina:
- Mitología: En Grecia y Roma se adoraba a Dionisio y Baco como los dioses de los viñedos.
- Religión: La Biblia lo menciona en pasajes cruciales, como la Última Cena, y se le vincula simbólicamente con la sangre de Cristo. Incluso el primer milagro de Jesús consistió en convertir el agua en vino.
El Vino en la Sabiduría Popular
El vino ha servido históricamente para marcar distinciones sociales y filosofías de vida a través de refranes que aún perduran:
- Jerarquía social: El dicho «El agua para los bueyes y el vino para los reyes» subraya la antigua distinción entre la clase trabajadora y la alta sociedad.
- Identidad y origen: La frase «De tal cepa tal vino» vincula la calidad del producto con sus raíces familiares y procedencia.
- El valor de la compañía: Se dice que el vino es bueno cuando se toma con un amigo, resaltando que su valor no reside solo en el precio, sino en el momento compartido.
- Vitalidad: En tradiciones como el Camino de Santiago, existe el dicho «El vino resucita al peregrino», destacando su poder revitalizante para quienes recorren largas trayectorias.
Grandes pensadores y artistas han visto en el vino una fuente de inspiración. Salvador Dalí afirmaba que «el vino no se bebe, se siente», mientras que Luis Pasteur sostenía que «hay más filosofía en una botella de vino que en todos los libros». Es considerado una forma de arte líquido, siendo la única obra de arte que se puede beber. Además, se le atribuyen beneficios para el bienestar emocional, ayudando a vivir «menos triste, menos tenso y con menos depresión».
El cine ha capturado la complejidad de la cultura vitivinícola, mostrando desde la técnica de la cata hasta historias de vida. Un ejemplo emblemático es la película Sideways (Entre copas), donde se detalla el proceso de apreciación: observar el color y la limpidez a contraluz, inclinar la copa para ver la densidad, y «meter la nariz» para descubrir aromas a cítricos, fresas o incluso notas de queso.
Otras referencias cinematográficas incluyen:
- Bajo el sol de Toscana y Guerra de vino.
- El camino del vino, que narra la historia de un sommelier que pierde el sentido del gusto.
- Vino y guerra, centrada en la producción de la Guerra en el Líbano.
- Incluso en la cultura popular de los dibujos animados, como en Los Simpson, el vino aparece como un refugio o una forma de ocupar el tiempo.
En la música ha rendido constantes homenajes a esta bebida. El folclorista Horacio Guarany sentenciaba que «si el vino viene, viene la vida». Por su parte, la banda española Estopa le dedicó el tema «Vino Tinto». En el contexto argentino, el vino es inseparable de la cultura popular, inmortalizado por La Mona Jiménez en su icónica pregunta: «¿Quién se ha tomado todo el vino?».
En definitiva, el vino es mucho más que un producto gastronómico; es un conector cultural que, a través de los siglos, ha definido el placer, la amistad y el sentido de la existencia.
