Argentina pisa fuerte en el Mundial de la Pizza
Por tercer año consecutivo, la delegación argentina alcanzó el podio en la 33ª edición del Campeonato Mundial de la Pizza en Parma, Italia. Claudio Izurieta, integrante del equipo nacional, explicó en el programa radial Bienvenidos a Bordo, que el nivel de exigencia es máximo y que la organización de la asociación es sumamente profesional: «Nos preparan como la selección de fútbol argentino».
El equipo, formado por 12 maestros pizzeros, tuvo que adaptarse a condiciones muy distintas a las locales, desde el uso de hornos diferentes hasta la enorme variedad de materias primas. Izurieta señaló que en Italia existen unos 300 tipos de harina, mientras que a la Argentina solo llegan dos de esas variedades. Esta brecha técnica obligó a los participantes a realizar esfuerzos extremos, como guardias nocturnas para cuidar el producto: «Me tuve que quedar toda la noche despierto controlando y tratando de llevar la masa a la temperatura correcta».
Uno de los grandes hitos de esta edición fue el desempeño de Ezequiel Ortigoza, quien obtuvo el segundo puesto en la categoría Freestyle (acrobacia con masa). Además de la técnica, el equipo buscó imponer la identidad nacional en sus preparaciones utilizando ingredientes como reducción de vino Malbec o incluso cremas de yerba mate. Según Izurieta, este esfuerzo es parte de un fenómeno de expansión: «La pizza argentina está pisando fuerte».
La llegada a Parma se produce seis días antes del certamen, con la ayuda de Apyce, tiempo que el equipo utiliza para visitar molinos y fábricas de hornos o de queso parmesano, sumergiéndose totalmente en la cultura productiva local. Una vez finalizadas estas recorridas, los maestros pizzeros entran en una etapa de concentración absoluta donde el 80% del tiempo se dedican a cocinar y comer pizza para realizar ajustes finos en sus recetas. Este proceso de convivencia es clave para el perfeccionamiento del producto final, ya que, según explicó Izurieta, «le vamos buscando la vuelta entre nosotros… es el momento donde estamos todos juntos y podemos probar y ver que vayamos mejorando».
A pesar de la intensidad del torneo, el evento funciona como un espacio de intercambio donde la rivalidad queda en segundo plano frente a la amistad internacional. El entrevistado subrayó que en Parma se entablan vínculos con colegas de todo el mundo, compartiendo técnicas e incluso probando las preparaciones de otros países: «Más allá de que sea una competencia te haces amigos… existe ese compañerismo». Esta interacción también despierta la curiosidad de los extranjeros por nuestras costumbres, desde el uso de 600 gramos de muzzarella hasta el ritual del mate, al punto de que el equipo argentino llegó a regalar paquetes de yerba a otros participantes que querían conocer más sobre nuestra identidad.
A pesar de competir bajo las reglas y estilos italianos, la delegación logró dejar su marca personal en el certamen. Como resumió el entrevistado sobre el sentimiento de representar al país fuera de casa: «Jugamos de visitante, pero nuestro corazón argentino siempre late».
