Mundial de aguas abiertas en El Calafate
El Calafate revalida su posición como centro del deporte extremo al albergar la cuarta edición de la Winter Swimming World Cup. Este evento internacional, que se realiza hace cuatro años en la provincia de Santa Cruz, reúne a más de 250 nadadores que desafían las aguas frente al glaciar Perito Moreno. Matías Ola, presidente de Nadando Argentina, habló en Bienvenidos a Bordo y destaca que esta competencia busca integrar la cultura de los países del norte de Europa con el paisaje patagónico a través de un circuito que ya está consolidado en la región.
El mayor reto para los atletas es nadar en aguas que alcanzan apenas los 2 grados de temperatura sin la protección de un traje de neopreno. Según el entrevistado, para participar de forma segura «no hay ningún secreto más que saber nadar, tener un buen trabajo aeróbico y soportar con práctica la sensación al frío». Esta disciplina exige un contacto directo con el agua helada, transformando la resistencia física y la preparación previa en marcas distintivas de la competencia.
A diferencia de lo que se podría pensar, el movimiento de nadadores de aguas frías ha crecido exponencialmente en el país durante la última década. Ola señala que «la mayoría de los nadadores son argentinos» que se han sumado a esta propuesta desde que el mundial se instaló en Santa Cruz hace cuatro años. Para el futuro, se proyecta un crecimiento masivo que podría atraer a más de 2000 deportistas de 50 países diferentes hacia el año 2028.
La seguridad de los participantes es la prioridad absoluta en las pruebas, cuyas distancias se extienden desde los 25 hasta los 450 metros. Existen normativas internacionales estrictas que limitan el tiempo de exposición térmica, estableciendo que en la distancia más larga «el nadador no puede estar más de 15 minutos en el agua». Tras salir del lago, los competidores cuentan con sectores preparados con saunas y equipos médicos especializados para asegurar una recuperación física inmediata.
Para Matías Ola, la adrenalina de nadar rodeado de témpanos y nieve genera una conexión única con la naturaleza que termina desplazando la incomodidad del clima. «El frío se siente, pero no es insoportable; va más conectado con la respiración y la concentración que tenés que generar», explica sobre su propia experiencia en el agua. Además, subraya que la natación de invierno es una actividad sumamente inclusiva que permite la participación de deportistas de todas las edades, desde jóvenes hasta mayores de 70 años.
