Pasaportes de Sabores – Episodio 7 El mate
En Bienvenidos a Bordo se dio inicio a un nuevo segmento gastronómico llamado PASAPORTE DE SABORES. En él hablamos de un producto alimenticio, solido o liquido y lo llevamos a su función sociocultural. En este episodio el mate.
El mate es mucho más que una simple infusión; representa un valor cultural, histórico y social que actúa como un verdadero «pasaporte de sabores». Esta bebida define la identidad de una amplia región que abarca a la Argentina, Uruguay, Paraguay y el sur de Brasil, siendo un símbolo de hospitalidad donde la regla de oro dicta que «un mate no se le niega a nadie». Es, en esencia, un facilitador de conversaciones y un compañero fiel en los momentos de soledad.
Existen diversas formas de abordar el recipiente según la necesidad y el contexto del cebador. Por un lado, se encuentra el «mate egoísta», que es pequeño, práctico y de uso individual; por otro, los modernos mates térmicos son ideales para quienes trabajan, ya que mantienen la temperatura de la yerba durante más tiempo. Sin embargo, el tradicional «porongo» de calabaza forrado en cuero sigue siendo el favorito para compartir en grupos grandes, reforzando su rol social.
En el aspecto emocional, el mate se percibe como una excusa fundamental para el encuentro y la charla. Aunque en otras culturas pueda resultar extraño el hábito de compartir la misma bombilla, para los rioplatenses es un ritual de cercanía. Su carácter como ancla a la tierra y símbolo de pertenencia es tan fuerte que, incluso en el cine, se lo presenta como un vínculo sagrado con las raíces y la identidad de un lugar.
La tradición del cebador incluye códigos específicos que permiten comunicar sentimientos a través de la temperatura y el sabor. Por ejemplo, servir un mate frío puede interpretarse como una señal de desprecio o indiferencia, mientras que un mate «lavado» puede sugerirle al invitado que es hora de retirarse. En contraste, el mate dulce se asocia con muestras de cariño y un mate muy caliente puede simbolizar que quien lo sirve está «quemando de amor».
La literatura también ha capturado estas distintas visiones de la infusión. En el poema «Martín Fierro», el mate aparece como el gran compañero del gaucho en la inmensidad del campo, mientras que Julio Cortázar lo define como lo opuesto a la televisión: una herramienta que te obliga a conversar cuando estás acompañado y a pensar profundamente cuando te encuentras solo. Es un elemento que invita a la reflexión y al diálogo interno.
El mate ha cruzado fronteras gracias al cine y la música, apareciendo en producciones internacionales como «Los dos papas» o «Diarios de motocicleta», donde simboliza el viaje y el arraigo. Desde el folklore del Chaqueño Palavecino, que le canta al mate dulce y amargo, hasta el rock de Divididos, la música celebra esta infusión como un pasaporte cultural que une historias en cualquier rincón del mundo.
