El auge del olivoturismo y su desarrollo en Uruguay
El olivoturismo se consolida en Uruguay como una propuesta innovadora que va mucho más allá de la simple producción de aceite de oliva. Alejandra Cabrera, referente de turismo enogastronómico del Ministerio de Turismo del país, explica en Bienvenidos a Bordo, que esta modalidad abarca «todas las actividades, todas las experiencias y distintas actividades que se pueden realizar» en torno a la olivocultura. Para el sector, el verdadero valor no reside únicamente en el producto final, sino en la vivencia turística integral que conecta al visitante con el entorno.
Esta actividad se ha convertido en un pilar clave para dinamizar las regiones menos tradicionales del territorio uruguayo. Cabrera destaca que en el Ministerio de Turismo trabajan el olivoturismo «como una estrategia para el desarrollo rural». Actualmente, los 19 departamentos del país cuentan con cultivos de olivos y existen aproximadamente 200 productores de diversas escalas. Aunque no todos han adoptado el turismo como una unidad de negocio complementaria a su labor productiva, el potencial de crecimiento es muy amplio.
Las experiencias que se ofrecen al visitante permiten conocer a fondo el proceso de elaboración del aceite de oliva extra virgen en las 20 almazaras distribuidas en el país. Cabrera detalla que el término almazara significa «prensa» y que originalmente el significado de aceite en árabe es «jugo de aceituna». En los establecimientos aptos para el turismo, los viajeros pueden participar desde la cosecha en el monte hasta el despalillado, la extracción en la centrífuga, el envasado y, finalmente, realizar degustaciones complementadas con platos de la gastronomía rural local.
El éxito de esta oferta turística está estrechamente ligado a la excelente calidad del producto local. «Si no tuviésemos calidad no podríamos abordar el olivoturismo», afirma Cabrera de manera contundente. Este prestigio internacional quedó demostrado cuando Montevideo fue sede en 2024 del premio Mario Solinas del Comité Oleícola Internacional (COI) para el hemisferio sur. Además, desde el año 2013, el país cuenta con un prestigioso panel de cata sensorial oficial reconocido por el COI en la Facultad de Química de la Universidad de la República.
El olivoturismo también funciona como un espacio de educación para desmitificar creencias populares sobre el aceite de oliva. Cabrera, quien se formó como sommelier de aceite de oliva, revela que «el color no hace a la calidad». Explica que el término «verde» en una cata se refiere a los aromas que evocan al pasto o a la manzana verde, y no al tono del líquido, motivo por el cual las copas de cata son de color azul o rojo para no condicionar al catador. Asimismo, advierte que los grandes enemigos del aceite son la luz, la temperatura y el tiempo, por lo que debe guardarse en lugares frescos y en botellas oscuras.
Uno de los mayores desafíos actuales para la industria local es la competencia desleal de los aceites importados que llegan desde Europa sin cumplir con las exigencias de calidad aplicadas a los productores nacionales. A pesar de esto, el sector sigue floreciendo, especialmente en el sur uruguayo. Cabrera señala que, si bien hay olivos en todo el país que expresan diferentes condiciones de suelo o «terroir», la mayor concentración de oferta turística se asienta en los departamentos de Colonia, Maldonado y Lavalleja, particularmente en las zonas de sierras.
Hacia el futuro, el Ministerio de Turismo busca consolidar el olivoturismo bajo una mirada sistémica que integre a productores de quesos, mermeladas y otros servicios de la comunidad. La innovación ya se percibe en la creación de derivados como cremas, jabones aromáticos, infusiones de hojas de olivo e incluso ideas creativas en eventos donde se lanzan hojas de olivo en lugar de arroz a los novios. Con miras a seguir fortaleciendo la cadena en América Latina, el olivoturismo uruguayo marcará presencia en el tercer congreso latinoamericano de aceite de oliva que se celebrará en Porto Alegre.
